Justificación

A partir del Concilio Vaticano II, junto con la gran riqueza de documentos del Santo Padre y de los Obispos, se ha creado un clima de armonización y conjunción dentro de la acción pastoral de la Iglesia : con facilidad se reúnen Instituciones y Grupos, que antes no lo hacían, para identificar, buscar y seguir líneas comunes de Acción; se dan con frecuencia reflexiones serenas y abiertas a la conversión entre personas, Instituciones y Grupos que hacen la pastoral para buscar las razones más hondas de la coordinación pastoral. Sin embargo no se pueden negar actitudes que han dañado y siguen dañando la acción pastoral de nuestra Iglesia: distanciamientos y competencias, piques y zancadillas, búsqueda de prestigios personales y celos institucionales, encerramientos rutinarios y cansadas repeticiones de lo mismo.

La coordinación entre las Comisiones y Asociaciones Diocesanas, los Movimientos y Grupos Laicales, exige una referencia a la Iglesia Particular en la que se trabaja. Es aquí donde está la razón teológico – pastoral más profunda para armonizar los diferentes esfuerzos y la búsqueda de una misma dirección junto con sus líneas comunes. La Coordinación expresa su comunión, es su lado visible y práctico. El Obispo es origen y garantía de que existan los cauces concretos de trabajo pastoral y que la legítima variedad de carismas e instituciones que desarrollan su actividad en la Diócesis , confluyan armoniosamente en la comunión eclesial.

Hoy en día, la comunión en las acciones pastorales en una Diócesis es una necesidad, un desafío y sobre todo, es la unidad de la riqueza y variedad suscitadas por el Espíritu en una comunidad, que es toda ella Ministerial.