En la dimensión humana es el fundamento de toda la formación sacerdotal. Buscamos cultivar a los jóvenes en armonía, con una justa y necesaria maduración de sí mismo; poseedores de una serie de cualidades necesarias para el ejercicio del ministerio; personas equilibradas, sólidas, libres y responsables, capaces de llevar el peso de las responsabilidades pastorales.(Cf. PDV 43-45)
En la dimensión espiritual los vamos encaminando en un proceso de comunión y de identificación asidua con el Padre por su Hijo en el Espíritu Santo, a través de la Eucaristía, Oración, Meditación, Santo Rosario, y la celebración del sacramento de la Penitencia. Solo la intima